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Hoy en día empezamos con los conceptos de “diseño” y nos dan
teoría durante los primeros semestres hasta que por fin metemos mano en alguna
construcción casi a punto de graduarnos. Para no descuidar el otro lado de la
moneda, Bizancio: Desde los tiempos romanos empezó a
desarrollarse <<la ciencia de la mecánica>>, el
equivalente a nuestros actuales cursos de
estabilidad, lo cual hacía que el constructor dejara
el empirismo un poco a un lado (nunca del todo) y
adquiriera mayor capacidad de predecir el
comportamiento de una estructura sin haber pasado
por malas experiencias: el que finiquitaba estos
cursos se llamaba mechanicus, lo cual implicaba un
grado social más elevado, dejando el título de
architectus para los puramente empíricos, que ahora
venían a estar bajo las órdenes del mechanicus. ¡Es
como si, en nuestros tiempos, los ingenieros fueran
nuestros jefes! (A veces pasa).
En Bizancio no había
mucha libertad para diseñar: se imponían requisitos
funcionales, estilísticas, económicas, intelectuales.
Tampoco sabemos mayor cosa sobre la vida de
arquitectos específicos de esta época: a algunos
incluso se les cortaban las manos o se los mataba (para
que no hagan nada más chévere para otro patrón), y
ahí murió su carrera. Muy pocos obtuvieron una buena
posición, y Bizancio compartía la opinión de
Occidente en cuanto a que la construcción era “para
plebeyos e hijos de pobres”. Otro elemento
diferenciador es que en Islam los auspiciadores eran,
más frecuentemente, civiles. Volviendo a Occidente,
en los inicios de la Edad Media (Siglo VI) aún
estaba fresca la visión de Vitruvio: Aún habían
patrones cultos que sabían de arquitectura, y uno de
ellos llegó a recomendar a su arquitecto, en una
carta, que estudie a Euclides, Arquímedes y Metrobio.
Vitruvio, el Neufert de la antigüedad, sirvió para
conservar vivo el concepto de Proporción Geométrica,
que en el Medievo se aplicó ampliamente a los
diseños, aunque ya no bajo la gramática clásica,
sino usando medidas que expresaban “mensajes de fe”,
como 40, 12, etc. Incluso se llegó a pensar que,
partiendo de la geometría de una figura Euclídica
adecuada, quedaba asegurada tanto la estabilidad
estructural como compositiva.
Respecto a los dibujos
arquitectónicos, se dice frecuentemente que o 1) no
se usaban o 2) han desaparecido; el plano de
Saint.Gall, conservado gracias a que el material fue “reciclado” en un libro;
esto demuestra la segunda tesis. Pero no debe entenderse que había plantas a
escala precisa que debían seguirse fielmente a la hora de construir; más bien,
es casi como el “programa” de la construcción, porque frecuentemente el
edificio adquiría su forma y dimensiones definitivos in situ, con el cordel de
medir aparentemente, los únicos dibujos definitivos (y a escala 1:1) eran los
de detalles como molduras, etc.; el uso de maquetas parece ser ambiguo: ¿Se
hacían antes, o después?. Llegando hacia el gótico, el título de arquitecto
empezó a recobrar lentamente la categoría que le correspondía: nace el
arquitecto “ratero” (a ratos va a dirigir la obra y no toca una piedra) que
gana un mejor salario. En el gótico establecido llega incluso a representarse
al arquitecto a la altura de obispos, por supuesto, en los casos de
constructores excepcionales. Como el arquitecto estaba consciente de que lo
distinguía del maestro albañil era la geometría, buscaba ser representado con
compases y varas de medir en mano. El aprendizaje de la Arq. como profesión se
iniciaba como a los trece o catorce años, y duraba seis años, seguidos de tres
de trabajo de campo y entrenamiento visual, para luego tener que presentar una
obra maestra, construcción o maqueta, a manera de “tesis de grado”, para ser
considerado capaz. Autor:
Miguel Lescano
Cornejo |