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A partir de entonces, la Arquitectura empezó a convertirse
en un campo dominado por especialistas; el propio Miguel Ángel llegó a afirmar
de sí mismo que no era un verdadero arquitecto, pues, según él, le faltaba
experiencia en construcción. Esto no era cierto; él, a conciencia y con gran
responsabilidad, se ocupaba de casi todos los aspectos de la edificación. Hemos
de recordar que la profesión aún no había adquirido su forma actual, que nació
en el siglo XIX, con el
hormigón armado, prefabricados y demás elementos
constructivos producidos por compañías e industrias
independientes del arquitecto, lo cual dificulta su
ubicuidad en el proceso de edificación. Respecto a
la tradición de los dibujos y las maquetas, aquí
comenzaron a nacer los dibujos de anteproyecto (visión
global) preciosistamente acabados y destinados al
cliente, y, por otro lado, los dibujos para el
constructor, generalmente detalles. ¿Y dónde están
los equivalentes a los planos para el constructor?
Igual que se dice sobre la Edad Media, o se gastaron
o nunca fueron conservados con cuidado o nunca
existieron. Es en esta época que la proyección en
perpectiva empieza a robar lugar a las maquetas como
un medio más rápido de tener una idea sobre
determinada volumetría, y que se marca el nacimiento
de los cortes y alzados que tanto nos hacen sufrir a
los estudiantes de hoy; todos estos se convirtieron
en el lenguaje que tendía el puente entre el
arquitecto y los obreros, separados socialmente para
siempre.
QUÉ ENTENDEMOS HOY POR ARQUITECTURA
Nuestra época ya no es la misma, siquiera, que la
del siglo XIX; a mitad de siglo las computadoras se
tomaron por asalto el mundo y hoy se habla de
“computación ubicua”; esto, sumado a las nuevas
matemáticas y estadísticas, ha cambiado lo que se
piensa sobre los métodos de diseño, sin embargo, la
herencia de la Bauhaus aún se siente. Continuando
con este despegue desde una profesión pragmática (Medievo),
pasando por un arte liberal (Renacimeinto) ahora hay
quienes pretenden convertir a la arquitectura en una
ciencia, como Christopher Alexander; este camino, al
rozar ya con la filosofía en el siguiente nivel, nos
lleva a ser propensos a equivocarnos con mayor
facilidad en nuestras ideas sobre las necesidades
humanas y cómo deberíamos diseñar. En los casos en
que ni siquiera se produce reflexión alguna, sino,
se procede al formalismo, o sea, a valorar sólo cómo
se ve el edificio por fuera, el método de enseñanza
no hará más que inhibir nuestra capacidad creativa
práctico-estética en lo que a diseño se refiere.
Respecto a la actual relación del arquitecto con la
sociedad, la línea evolutiva ha seguido la marcada
por lo que ocurría en el Renacimiento: delegación de
responsabilidades, independencia con respecto al
cliente, alto nivel social en el caso de los
arquitectos destacados, etc. Debemos ahora,
retomando el tema del diseño y la construcción,
tomar en cuenta que diseñamos para un mundo más
abigarrado y cambiante que el renacentista, en que
las tendencias cambian cada día; el principio
aparentemente simple que propone un diseñador de
“satisfacer las tendencias” no siempre es aplicable.
Nuestra sociedad actual presenta tendencias
indeseables y hasta autodestructivas, y, el
arquitecto, como “el último humanista”, debería
hacer algo al respecto, por ejemplo, por la ecología.
Para concluir, las siguientes palabras de Fritz
Schumacher: ”el joven estudiante se pierde a menudo
en consideraciones histórico-arquitectónicas, en
investigaciones retrospectivas y, dejándose seducir
por el título de doctorado, emprende caminos
secundarios de erudición, lo que se realiza a costa
de las fuerzas necesarias para las múltiples
exigencias de la creación arquitectónica”. Autor:
Miguel Lescano
Cornejo |