Planificacion de playas



Planificación de playas.

Si además descontamos las mejores áreas de playa que han sido “privatizadas” –cerrandoles el acceso fácil a los demás- en el Palmar de Ocoa o en los hoteles del Este Altagraciano, la redistribucion equitativa, democrática e imaginaria se reduce mucho mas. Nos encontraríamos de frente a una injusticia ambiental, panorámica y recreativa que amplia el abismo de inequidad social y niega un derecho inalienable del dominicano consistente en mirar hacia el horizonte infinito: disfrutar “su mar” libre de obstáculos.

La defensa del derecho a ver el mar: palabras huecas, discurso de izquierda fracasada y demode, disfrazado de ambientalista, o populismo chavista de vanguardia. La realidad es que vivimos de espaldas al mar: un pueblo que no come pescado fresco ni porque lo manda la iglesia en la cuaresma, que prefiere si acaso el bacalao acartonado que desprecian los escandinavos o un arenque maloliente.

Un pueblo cuyos ciudadanos en su mayoría no sabe nadar, sin marina, mercante ni flota pesquera. Con un malecón precioso donde los pocos que lo usan, se sientan en los bancos –excelsa ironía- de espaldas al mar. Tenemos, eso si, una ley que prescribe sesenta metros inviolables, sagrados, a disposición omnimoda del presidente de turno, para establecer excepciones a su mejor parecer –presuponiendo que este sea planificador, urbanista u ordenador territorial dilectante.

Pudiendo otorgar, a aquellos que logren traspasar, a papeletazos si acaso, el apretado anillo palaciego o la burbuja rosada, un permiso para edificar un bohío o caney abierto, o unos sencillos sanitarios, donde los bañistas puedan hacer lo propio sin contaminar las blancas arenas. Mientras esto ocurre, los “padres de familia” se apropian de las riberas de los cursos fluviales, construyendo toda suerte de palafitos audaces y letrinas que descargan directo a ríos y cañadas. Si observamos con imparcialidad, una playa virgen no es tan paradisiaca. Esta cubierta de algas secas, troncos, pencas, jicaras y plásticos flotantes que nos llegan de todas partes del mundo.

Los hoteleros las limpian y barren la arena todos los días, impiden que ensucien las blancas arenas, alejan a los buscavidas que asedian a los turistas, mantienen los sankie pankies a raya y a los marchan’dart locales que a través de fornidos morenos, nos exponen sus cuadros coloridos, eso cuesta y es trabajoso.


Hace falta planificacion: balance y sensatez, equilibrio y justicia, desterrar el enllavismo, el populismo y que se sienten a trabajar –si es que sus actividades partidistas se lo permiten- para eso fueron elegidos o designados, los titulares correspondientes. Los que hemos estudiado el tema del ordenamiento territorial sabemos como hacerlo, pero es a otros a quienes corresponde esa tarea.

Planificado a escala predial, un ordenamiento territorial que considere planes de desarrollo y manejo del litoral y de los frentes marítimos y fluviales de las ciudades, delimitando donde y como se pueden construir marinas para yates de magnates y banqueros, y otras para yolas y cayucos, playas para turista y ciudadanos, mezclados, para los que lo deseen, o apartados para los que así lo prefieran. Planificando para que entren las oportunidades y el desarrollo, ante todo el desarrollo humano, que no necesita mega infraestructuras suntuosas ni costosas. Abriendo las puertas y las playas a todos. Ya lo ha expresado un político folklorico: Entren to’…pero con orden, por favor.

Por: Arquitecto Pedro Mena

Para citar este articulo en formato APA: Revista ARQHYS. 2012, 12. Planificacion de playas. Equipo de colaboradores y profesionales de la revista ARQHYS.com. Obtenido , de https://www.arqhys.com/articulos/playas-planificacion.html.





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