La feria en la Republica Dominicana



Su construcción, a un costo que empobreció el país y puso de manifiesto el poder avasallador de la dictadura.

El cual lo concibió precisamente para eso para evidenciar su magnificencia, cambió para siempre la concepción de la ciudad. Con unos perfiles modernos, la pequeña metrópoli que acunó una de las dictaduras más feroces de Latinoamérica tuvo en la propaganda revestida de concreto uno de sus mejores recursos. El de la Feria fue uno de los más impactantes tanto por las expresiones vanguardistas integradas como por el vínculo que creó con el mar. Los límites costeros de la nueva plaza se convirtieron en miradores del majestuoso mar Caribe. Lo que para muchos no fue más que un espejismo del progreso en paz y confraternidad, se edificó en tiempo récord -en poco más de un año en el que no había días libres ni recursos limitados-.

Junto a los pabellones dedicados a países “amigos”, la fuente coronando la plazoleta y la esfera gigante, otras partes del conjunto competían como grandes protagonistas. Pocos podían disputar su espacio al Teatro Agua y Luz, con sus danza de sonidos y colores; o ignorar la especie de arpa que entonaba los vientos y la figura imponente de un gigantesco Apolo con los brazos elevados, alzando en una mano una paloma y en la otra el universo. Para el arquitecto Emilio José Brea, La Feria hay que verla como parte de un desarrollo parcial urbano de mediados del siglo XX, influido arquitectónicamente por el movimiento internacional de pos guerra que hace racionalizar la arquitectura.

– Evidencia -resalta- rasgos del urbanismo fascista de los espacios amplios, las perspectivas conducentes, los edificios marco y monumentales, y los materiales tradicionales (mármoles). El arquitecto Eugenio Pérez Montás se refiere al acontecimiento que significó el conjunto ferial en su libro La Ciudad del Ozama para destacar que su diseñador, el arquitecto González, organizó el espacio siguiendo un eje norte-sur que, prolongado, ha creado en la ciudad contemporánea el más importante circuito corporativo existente. El polígono ferial, programado y ejecutado en un brevísimo periodo, tenía una señalada estructura de ingreso: un fenomenal diseño de líneas modernas.

Su identificación con la obra es tal que afirma: ” Majestuosa, horizontal, desafiaba a los hombres y a las máquinas”. Pérez Montás también aporta el dato de que el tramo de la Máximo Gómez hasta Haina fue ejecutado (con motivo de la Feria del 55) por la misma compañía que llevó a cabo los trabajos de la Avenida las Américas. “Ambas obras -consigna- volcaron la ciudad hacia el mar. La primera, es decir, el Malecón, creó el escenario para levantar las magistrales obras de Guillermo González: el Hotel Jaragua y el conjunto ferial de 1955”.

Los arquitectos Gustavo Moré y Emilio Martínez no sólo han estudiado con detalles la calidad del trabajo urbanístico que González y su equipo consiguieron edificar en 1955. También han evaluado el espacio y tras evidenciar su casi total abandono y destrucción han hecho propuestas pormenorizadas para darle el sitial perdido al conjunto ferial. Sus ideas, que se convirtieron en proyecto ganador del concurso de ideas de Diseño Urbano y Arquitectura de Paisajes para el Centro de los Héroes de Santo Domingo, partieron de una realidad evidente para cualquier visitante de la zona: la degradación del patrimonio. “Una vez terminada la Era de Trujillo, el espacio de La Feria recibe un nuevo nombre, en honor a los patriotas que ofrecieron su vida por la libertad alcanzada finalmente en mayo del 1961.


El proceso de deterioro paulatino de las facilidades comienza”, dicen los arquitectos en las motivaciones de su propuesta. La evaluación que añaden es contundente: “Varias intervenciones desnaturalizan el modernismo del concepto base. Muchas instituciones arrabalizan los edificios por no entenderlos patrimonio digno de ser valorizado o por simple ignorancia. Los colores originales se cambian por ruidosos esquemas cromáticos. Se ocupa la Planta Libre del Palacio Municipal. Se destruyen las aceras en el bulevar central. Se cambian las luminarias y otros objetos del mobiliario urbano. Se siembra indiscriminadamente”. Al inventario suman el hecho de que en 1979, se terminó de demoler un hermoso Portal que definía el ingreso norte al conjunto. No obviaron tampoco la construcción en el recinto de “odiosas e innecesarias verjas”, ajenas a la idea de ciudad de González y de cualquier urbanista con criterio.

Pero el proyecto de rescate apenas ha tenido el apoyo que requiere. Una primera edificación de las concebidas por el equipo que integra Moré para realzar la zona fue el que hoy acoge la Suprema Corte de Justicia y la Procuraduría General de la República. Menos optimista que Moré y Martínez, Brea piensa que ya es tarde para preservar el conjunto. Un hecho reciente – la brutal ampliación del Congreso con apoyo económico del Banco Interamericano de Desarrollo- desbalanceó los espacios exteriores del conjunto que fue armónico por su equilibrio entre huecos (vacíos) y llenos (construidos), señala. Antes, otras empresas gubernamentales habían dado al traste con partes fundamentales del diseño original.

El Apolo gigante, una de las más llamativas obras del lugar, fue derribado para dar paso a la sede de la Lotería Nacional, una estructura que lejos de enriquecer la zona, le quitó gran parte de su brillo. Guillermo González. Nació en Santo Domingo el 3 de noviembre de 1900. Sus primeras experiencias, al parecer muy fructíferas para el resto de sus días como profesional de la arquitectura, las cosechó en los talleres de dibujo de las oficinas de Obras Públicas gubernamentales, durante la ocupación norteamericana que se extendió de 1916 a 1924. En 1930, se graduó en la Universidad de Yale, en Estados Unidos, con las más altas calificaciones, y luego viajó a Europa. Retornó al país en 1936 y comenzó una labor sostenida de diseño que cambió el rostro de la ciudad con obras de diferentes dimensiones.

Falleció en 1970, cuando ya era para muchos -y lo sigue siendo- el padre de la arquitectura moderna dominicana.Los millones de la Feria. De la inversión que el gobierno que oficialmente encabeza Héctor B. Trujillo en la construcción de la Feria se han dado múltiples cifras. Una versión muy socorrida indica que se gastaron RD$4,000,000, que entonces equivalían a igual número en dólares. También se habla de una inversión de RD$20,000,000 o su equivalente en la divisa fuerte. Como aconteció con el Faro a Colón, obra faraónica, aunque menos aceptada por la comunidad de la arquitectura, la cifra real invertida nunca se divulgó. El costo político era demasiado alta, no así los dividendos en términos publicitarios.

El Agua y Luz. Podría parecer contradictorio que un país aquejado históricamente por problemas con el suministro y consumo de agua y luz, por escasez, falta parcial y/o absoluta, tenga un edificio bautizado Teatro Agua y Luz. Pieza importante en las celebraciones del vigésimo quinto aniversario de la ascensión al poder del dictador Trujillo en lo que fuera la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre (a partir del 20-12-`56) que hoy ostenta el nombre sin usar de Centro de los Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, el Agua y Luz, en la feria, como se le recuerda y nombra a ambos, fue inaugurado para el caricaturezco boato imperial de una coronación absurda de la hija del sátrapa y fue escenografiado como para corte europea en decadencia y, paradójicamente, dentro de un enclave antillano.

Pudo haber sido réplica exacta del Teatro Integral de Agua-Luz-Música que su autor, Carles Buigas Sans (18 de enero de 1898 – 28 de agosto de 1979) había ideado para Barcelona, después del éxito de la Exposición Universal del 1929. Por su trabajo en Santo Domingo obtiene la Condecoración al Mérito de Duarte, Sánchez y Mella. Su obra es sencillamente singular.

Aunque hay unas 560 fuentes diseñadas por este genial ingeniero eléctromecánico, 80 de las cuales están en su Barcelona del 29, el Agua y Luz es único en la región del Caribe porque además de poseer el recurso del color, la música y los sonidos del agua cayendo a raudales, por chorros, en cascadas y torrentes, creando espejos y rumores de intensidades distintas y sobre planos diferentes, es un escenario de múltiples fuentes y de grandes alternativas visuales al tiempo que sonoras. Y sin embargo está abandonado porque no pudo sostenerse desde el pasado sin retorno en que lo sumió la agitada vida de transición que debió vivir la nación en el traumático proceso de democratización a partir de 1961. Ahora su solar y entorno inmediato también se ha ido perdiendo y con él, las posibilidades de una ampliación y/o adaptación a la dinámica contemporánea.

(Por: Emilio José Brea García). Cortesía de: www.diariolibre.com.

Para citar este articulo en formato APA: ( ARQHYS. 2012, 12. La feria en la Republica Dominicana. Revista ARQHYS.com. Obtenido , de https://www.arqhys.com/casas/feria.html.)




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