Funcionalismo racionalista y arquitectura



Los acontecimientos de la cultura, aceleraron procesos de progreso (ya esbozados en el siglo XIX), pero también numerosas circunstancias sociopolíticas fueron protagonistas de un cambio fenomenal de paradigmas en la evolución de la cultura occidental. Y que a partir de allí producirían -muy rápidamente para lo acostumbrado- elementos y productos novedosos.

Dentro de ellos se encuentra la producción de Arquitectura, que con renovadas ideas, ocupará un lugar de destacado protagonismo, ligada ahora especialmente al crecimiento social y tecnológico. Los detonantes citados fueron la primera 914/1 y la segunda 939/4 guerras mundiales: Cincuenta millones de muertos sólo en esta última; destrucción de ciudades y persecuciones; pero también un alto desarrollo tecnológico que usado para la muerte entonces, es reconvertido con poderoso impulso para la paz después en el campo del transporte (aviones, submarinos, automóviles, helicópteros, transatlánticos, etc.) y las comunicaciones.

La primera fisión nuclear, que si bien desató las bombas atómicas probadas sobre los humanos, permitió luego de estas irresponsables experiencias, reorientar los átomos hacia usos científicos pacíficos y fructíferos. Pensemos también en la bipolaridad Este/Oeste y en la épica independencia de India. La caída del último gran imperio: el de los Romanov y el surgimiento del “apartheid” en Sudáfrica. El desarrollo del sindicalismo en pos de una masiva dignificación de las condiciones laborales. La creación de las Naciones Unidas como consecuencia preventiva de lo vivido por la segunda guerra. El desarrollo industrial y comercial del cinematógrafo. Surgen la comunicación por cable, la radio informativa y el magnetófono; la televisión como gran boom comunicacional; y la primera computadora sobre el fin de este período. El virtual nacimiento del psicoanálisis. Y los desarrollos de la asepsia, la anestesia, la penicilina, los insecticidas, la insulina, las primeras vacunas, etc.

En el campo de las manifestaciones artísticas, el proceso también continuó siendo notablemente dinámico, por su reversión respecto de lo producido históricamente, y que comenzamos a describir muy brevemente en el tránsito desde el siglo anterior. Las manifestaciones pictóricas pasaron a una segunda etapa evolutiva, por la que se generaron nuevas y más radicales escuelas con diferentes expresiones, casi todas fundadas en principios que intentaron sistemáticamente “explicitar” y “objetivar” las artes visuales, al tiempo que expresarlas por vías progresivamente más abstractas y racionales. “En la Naturaleza, todo se modela según la esfera, el cono y el cilindro. Hay que aprender a pintar sobre la base de estas formas simples y entonces podrá uno hacer todo lo que desea,” sostenía Paul Cèzanne sobre la frontera de ambos siglos.

El crítico Renato de Fusco nos hace ver como el arte aportó a esta nueva Arquitectura valores como su inserción en un campo más popular y menos elitista, la aplicación práctica de las investigaciones; una participación activa, “crítica” y no más contemplativa como en el academicismo; una adhesión a las formas abstractas en la materialidad y la expresión; la incorporación del “tiempo” en la percepción del espacio y el destierro de aquellas composiciones cerradas y naturalistas, ahora sólo apoyadas en razones de uso y destino. Con el nuevo siglo, irrumpen el Cubismo y sus investigaciones sobre los componentes de la forma, su descomposición en geometrías y simultaneidad de visiones; así como el Futurismo y su obsesiva búsqueda del movimiento y la velocidad en la tela; incorporan al espectador como parte activa de la lectura artística. El Dadaísmo irónico y desmitificador, como el Neoplasticismo con su adhesión a la abstracción por vía de la geometría pura van apoyando esta nueva expresividad arquitectónica. Y finalmente el Purismo, a través de su lupa geometrizante y el Suprematismo con sus “construcciones plásticas” fueron aportando profundos cambios en la creación arquitectónica por la propaganda de sus teorías como también con la participación directa de plásticos en ateneos con literatos, músicos y Arquitectos; plásticos venidos en Arquitectos y viceversa.


El desarrollo industrial comienza a tomar impulso organizadamente; se investiga y también comienza la producción seriada de objetos para el confort (aparte de lo dicho para los transportes) en una relación estrecha con las capacidades de producción intrínsecas de las máquinas y los requerimientos de uso. Se crean las primeras comisiones y consejos interdisciplinarios de Arquitectos, Ingenieros y plásticos -preferentemente en Alemania- por encargo de poderosos industriales para lograr aquellos objetivos. De estos numerosos intentos, la “Bauhaus”, fue el más importante. Escuela de diseño, arquitectura e industrialización creada por los alemanes entre 1919 y 1933 (disuelta por el nacionalsocialismo) encargada de consolidar el diseño en términos de construcción e industrialización a través de didácticas revolucionarias, que se difundieron luego por todo el mundo -muy especialmente en los Estados Unidos- como consecuencia de la dispersión de “cerebros” que produjo su cierre. Los nuevos materiales, ya incorporados culturalmente, fueron libre y entusiastamente aplicados desde aquel entonces en herramientas, artefactos e instrumentos de uso cotidiano y estrechamente ligados a lo arquitectónico.

Como vemos, todo este empujón de novedades tecnológicas ya no permanecerá más ajeno a la Arquitectura, la que consecuentemente realizó una profunda transformación por vía del pensamiento y acción de muchos pioneros en todo el mundo. He aquí los nombres de algunos de los más brillantes: Frank Lloyd Wright 869/195, Walter Gropius 883/196, Mies van Der Rohe 886/196, Jean Pier Jeanneret -autodenominado “Le Corbusier”- 887/196, Gerrit Rietvelt 888/196, y Alvar Aalto 898/197. La actividad de los Arquitectos de ese período de inventos y descubrimientos, fue estimulada altamente por el “espíritu de la época” (ya hablamos de esto en el anterior Capítulo).

Ahora es una actitud fuertemente cientificista y racional en la elaboración de decisiones y la producción, con tendencia al logro de cambios tan revolucionarios como eficientes. Se conoce a esta “voluntad” como RACIONALISTA entre los Arquitectos. Una actitud común -casi se diría una conjura- entre todos estos profesionales, fue la de abrazar el progreso y protagonizarlo; como primera medida por parte de casi todos ellos, rechazando la Historia como fuente de recursos, negándola y denostándola inclusive. Revisando todo, reformulando todo; para reiniciar el acto de la creación arquitectónica como una acción de diseño total, abarcante del todo y sus partes. Se llamó FUNCIONALISTA a este “accionar” arquitectónico.

La oportunidad que se presenta a estos “diseñadores” es inédita aún desde el campo social; pues las secuelas más negativas de las citadas dos guerras, cambiaron abruptamente sus clientes y sus temas. Ahora es la vivienda el tema prioritario (no excluyente) y el de mayor concentración investigativa. Se habla del “Hombre nuevo” y para él una Arquitectura nueva. Estos hombres, apasionadamente conscientes de la circunstancia, escribieron mucho, pelearon mucho también y fueron incluso denostados, pero sus obras confirmaron su lucidez. Sus procedimientos proyectuales nunca desaparecieron totalmente de los ámbitos de la producción (particularmente industriales) teórica y práctica. Hoy son seguidos y enriquecidos con nuevos aportes por parte de un amplio segmento de profesionales. Gracias a Ana María Gruñón por colaborarnos este artículo para ser publicado en ARQHYS.com.

Para citar este articulo en formato APA: Revista ARQHYS. 2011, 07. Funcionalismo racionalista y arquitectura. Equipo de colaboradores y profesionales de la revista ARQHYS.com. Obtenido , de https://www.arqhys.com/funcionalismo-racionalista-y-arquitectura.html.





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