Hacia donde va la arquitectura



Unas comunicación y producción informativas nuevas instaladas en las artes plásticas, la educación, la tecnociencia, la economía; y en las organizaciones sociales, políticas y especialmente empresariales; nos obligan a un alerta crítico permanente tanto como a la interpretación de vivencias nuevas, modificatorias de nuestros modos de actuar y ser; al producirse cambios sustanciales (e irreversibles) en relación a la noción de espacios estables y espacios de tránsito en nuestros entornos físicos y sociales, aún habituales y reconocibles como lugares de pertenencia, pero en sostenida mutación desde la década del 80.

“Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad, ni como relacional, ni como histórico, definirá un no lugar.”

El antropólogo Marc Augé nos advierte -desde su particular visión disciplinar- especialmente a quienes somos creadores y productores responsables de Arquitectura, sobre los resultados y consecuencias de los nuevos programas arquitectónicos, así como de otros “productos habitables” de estos decenios, ligadas a los procesos de difusión, movimiento y comunicación permanente que la globalización demanda.

Este estudioso de la interrelación consustancial del individuo con su vínculo social, sostiene la hipótesis de “que la sobremodernidad es productora de no lugares, es decir, de espacios que no son en sí lugares antropológicos y que,…” deslinda: “no integran los lugares antiguos: éstos, catalogados, clasificados y promovidos a la categoría de ‘lugares de memoria’”,… Augé reflexiona entonces: “Un mundo donde se nace en la clínica y se muere en el hospital, donde se multiplican, en modalidades lujosas o inhumanas, los puntos de tránsito y las ocupaciones provisionales (las cadenas de hoteles y las habitaciones ocupadas ilegalmente, los campos de refugiados, las barracas miserables destinadas a desaparecer o a degradarse progresivamente), donde se desarrolla una apretada red de medios de transporte que son también espacios habitados, donde el habitué de los supermercados, de los distribuidores automáticos y de las tarjetas de crédito, renueva con los gestos del comercio “de oficio mudo”, un mundo así prometido a la individualidad solitaria, a lo provisional y a lo efímero,…” Marc Augé luego de identificar a los no lugares como “la medida de la época”, los nombra: “las vías aéreas, ferroviarias, las autopistas y los habitáculos móviles (aviones, trenes, automóviles), los aeropuertos y las estaciones ferroviarias, las estaciones aeroespaciales, las grandes cadenas hoteleras, los parques de recreo, los supermercados, la madeja compleja, en fin, de las redes de cables o sin hilos que movilizan el espacio extraterrestre a los fines de una comunicación tan extraña que a menudo no pone en contacto al individuo más que con otra imagen de sí mismo.”

Una consecuencia de lo antedicho es comprender que la creación de nuevos ámbitos físicos (de los que somos copartícipes responsables los arquitectos) interconectados entre sí, pueden arrojar resultados tales que no sólo “borren” la memoria de los lugares y comportamientos tradicionales sino que sólo sean -y éste es el desideratum- la respuesta a un sistema de movimiento y acción permanente, de usos polifuncionales engarzados, pero ignorantes de todo entorno preexistente, local, regional y hasta continental.


Un futuro sugerido para los próximos 20 años -según imaginan entusiastamente algunos “gurues del management”- sería el de una Arquitectura politemática y multifuncional, que permita el encuentro laboral eventual de empleados y jefes junto a espacios de diversión, consumo y eventos culturales o turísticos, que ocupen el resto del tiempo liberado por la relatividad horaria y el teletrabajo doméstico.

En tanto las ciudades se verán refuncionalizadas, pudiendo prescindir de su rol habitacional; quedando como centros administrativos, de ocios turístico- museológicos y comerciales; circundadas por ámbitos satélites verdes y residenciales, conectadas por una eficiente red de autopistas.

Este fenómeno de la globalización, que ya no es ajeno, aunque tiene aún como epicentro de acción las urbes -dejando de lado los territorios subpoblados al no ser atractivos para la dinámica consumista- se prevé que será incrementado como la consolidación de una suerte de “ciudades collar”, es decir ámbitos funcionales eslabonados a lo largo de medios de transporte de todo tipo, donde el espacio se enhebra entre tiempos de traslado: del hogar a la autopista, de ésta a la oficina; de allí al aeropuerto. En un lapso compatible en kilómetros-hora a otro centro de decisiones.

Luego a un hotel; todo ello entrelazado probablemente con la visita a un shopping o la distracción en un centro de comidas rápidas o un multicine. Y más tarde el aeropuerto con su preembarque, su free shop y sus mangas. Luego del salto aéreo, seguirá el automóvil o el subterráneo; de allí por autopista al country, el supermercado y luego… el parque industrial o el polígono administrativo… Una “cultura circunvalatoria” y de centros urbanos lineales, sin aquellas instancias que permitan un reconocimiento entre sus mismos usuarios y de ellos con otros lugares memorables, regionales o fundacionales. Sólo valdría el tránsito por circuitos en permanente movimiento productivo, y por tanto con códigos de formas y usos uniformes y ritualizados: “Yo veo las cosas de otra manera, soy pragmático y me interesan los cambios reales.

Me interesan los fenómenos como el Sheraton, la experiencia real que hago de que puedo viajar 5.000 Km en cualquier dirección y encontrarme con el mismo ambiente, la misma comida, las mismas imágenes. Lo que está sucediendo es la diseminación progresiva de una cultura global en detrimento de las culturas locales, que tienden a desaparecer… La pérdida de lo local es irreversible. Pero la ganancia es que el mundo se une en una forma inédita, lo que podría ser muy positivo para la paz. Dejémonos de embromar: lo que todos queremos es una cama limpia y una hamburguesa decente.”  Gracias a Ana María Gruñón por colaborarnos este artículo para ser publicado en ARQHYS.com.

Para citar este articulo en formato APA: Revista ARQHYS. 2011, 07. Hacia donde va la arquitectura. Equipo de colaboradores y profesionales de la revista ARQHYS.com. Obtenido , de https://www.arqhys.com/hacia-donde-va-la-arquitectura.html.





Canales.


Nosotros | Política de Privacidad | Contácto