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Una manifestación memorable de ese acontecimiento fue la
Exposición Universal de París de 1889, que marcó el triunfo de las
construcciones metálicas. La construcción que deslumbró al mundo y marcó el
verdadero punto de partida en la historia de las construcciones fue la Torre
Eiffel. Después de ella se han construido muchos edificios de gran tamaño y
notable alarde técnico, pero ninguno la superó en su atrevimiento innovador. Lo
que le sucedió a esta torre, fue el proyecto realizado también por Eiffel, la
Torre de París, en el Campo de Marte, integrando la Exposición Universal
destinada a festejar el primer centenario de la revolución.
Después de construido esta torre se consideró que todos los demás prodigios eran
realizables y se proyectaron obras metálicas de todos los géneros. Se
construyeron edificios de varios pisos para depósitos, oficinas y
casas-habitación, empleando esqueletos completamente de acero. En Norteamérica
las construcciones con esqueletos metálicos tuvieron y siguen teniendo gran
difusión. Nacieron así numerosos edificios de gran altura llamados rascacielos.
Los más célebres son el Woolworth Building, el rascacielos Chrysler y el Empire
State Building, todos ellos construidos en Nueva York. La difusión de dichas
construcciones ha obligado a los estudiosos a elaborar métodos de cálculo
adaptados a las estructuras de muchos pisos, como así también al uso del
ordenador o computadora para facilitar los mismos. A fines del siglo XIX,
mientras con las grandiosas manifestaciones de París se celebraba la victoria
del hierro, comenzaba ya a difundirse un nuevo sistema de construcción que
permitía asociar el hierro al cemento. En Francia, después de las primeras y
tímidas tentativas de Monnier, se pasó bien pronto a las notables construcciones
de Ennebique, y el sistema s difundió rápidamente. Estas estructuras no pueden
considerarse como rivales de las de acero porque exigen un notable empleo de
hierro para la armazón. Pero el sistema constructivo llamado de “hormigón
armado” obtuvo muy pronto el favor de los constructores, porque permite obtener
casi las mismas cualidades de resistencia y audacia de las estructuras metálicas
conservando, además, la monumentalidad de las construcciones con muros. En
Italia, al ser proclamada la autarquía, en 1935, el hierro quedó prohibido y se
construyeron en hormigón armado hasta los rascacielos, contra toda conveniencia,
como es fácil de constatar si se tiene en cuenta que en una construcción de ese
tipo la sección de las pilastras en la base se hace tan grande que absorbe una
parte considerable de la superficie utilizable en los pisos bajos. En Bari,
excluyendo las industrias para los cuales se han construido numerosos galpones
metálicos, puede afirmarse que el empleo de los esqueletos de acero para las
construcciones civiles se reduce a dos casos: el palacio del Renacimiento y la
sede actual del U.P.I.M; y el de la casa del estudiante, de 10 pisos, con un ala
enteramente construida en esqueleto metálico. En las últimas décadas, la
situación ha cambiado mucho, y la elección entre ambos sistemas se inclinó mucho
hacia el hormigón (en nuestro medio), debido al alto costo del acero en la
construcción. (Fuente de la
informacion: Flavio Gorelik Zonis, Argentina ) |