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TEXTURA Y DIBUJO. La
textura y el dibujo se aprecian, naturalmente, por medio de las impresiones
cromáticas producidas por los rayos luminosos en el cerebro. En otras palabras
textura y dibujo no son sino otros modos de percibir los colores de diferentes
tonos y matices en una misma superficie, distribuidos en pequeña escala en el
caso de la textura y a gran escala en el caso del dibujo. Examinemos primero el
caso se la textura. Como es un aspecto del color, se aprecia por el sentido de
la vista, pero esta estrechamente relacionada con el del tacto. La textura es lo
áspero o accidentado por oposición a lo suave o liso, ideas que se forman
fundamentalmente tentando con nuestra manos. Desde la infancia aprendemos a
asociar las sensaciones visuales de textura con las sensaciones táctiles de
diverso grado de aspereza, sin utilizar realmente nuestro sentido del tacto.
Cuando vemos cierta combinación de pardos y grises sabemos, en efecto, que hay
frente a nosotros una ruda pared de piedra, sin necesidad de ir a tocarla con
nuestras manos para apreciar su aspereza. En el caso de la piedra, su color
varia en infinidad de manchitas de diferentes tonos, que dan una impresión
plástica de aspereza; además, como la piedra es físicamente áspera tiene
diversas salientes y accidentes que producen infinidad de sombras cuando la luz
les da directamente. Contribuyen a darnos la impresión de textura tanto el gran
número de pequeños espacios de diverso color como la multiplicidad de sombras.
Naturalmente, puede haber una pared de aspereza y de color uniformes, como en el
caso del acabado del cemento “tiroleado”. La mezcla de cemento y arena se aplica
en la superficie con una serie de salientes minúsculos, como si fuera lija muy
gruesa. La propia mezcla es de un color prácticamente uniforme según la clase de
cemento empleado, pero la manera como la luz incide en la superficie significa
que cada pequeño saliente produce una sombrita (muy pronunciada a la luz diurna
directa), de modo que recibimos una impresión visual de textura por medio de la
constante repetición del mismo color o intensidad, pero en infinidad de
manchitas de diferente valor luminoso.
La textura empleada en el exterior de los edificios necesita estudio detenido de
la escala y los tamaños relativos. Las texturas del interior no necesitan tanto
estudio del tamaño relativo, a menos que se usen en un gran espacio, como un
auditorio o una sala de teatro, porque normalmente uno no puede alejarse tanto
de la pared como para que las impresiones de color se fundan y resulten un color
plano liso. El estudio de la textura arquitectónica es en realidad el de los
materiales de construcción. La mayoría de los materiales tienen su textura.
Todas las naturales la tienen y hay incluso algunas clases de piedra (por
ejemplo, la Pórtland y algunas arenizas) que tienen una textura de pequeñísimas
escala, solo visible de muy cerca. Todas las maderas en estado natural tienen
una textura en forma de veta, que es una indicación de la forma estructural de
la madera. Algunas especies leñosas tienen una veta más pronunciada que otras,
que también pueden variar según la manera de cortar la madera en el tronco.
Pueden obtenerse cambios de color barnizado o coloreando, o bien mezclando los
dos procedimientos. Pero la pintura mata la textura de la madera y produce una
superficie plana de color uniforme. Algunos arquitectos consideran un crimen
cubrir con puntura las superficies de madera, pues para ellos es la textura
viva, leñosa, de esta algo que debe preservarse a toda costa. Es cierto que el
empleo de superficies de madera puede resultar atractivo y crear una impresión
acogedora y cordial, cobre todo en los espacios interiores, donde pueden
apreciarse plenamente las delicadas texturas. A menudo se justifica la pintura d
elementos de madera del exterior de un edificio por la mayor protección que
recibe la madera contra los estragos del tiempo. Esto es particularmente cierto
en el caso de las maderas blancas, y aun las duras resisten mas al exterior si
se pintan a intervalos regulares. Algunas maderas, como la caoba u el cedro,
logran con el tiempo una agradable textura gris si se exponen, a la intemperie,
como es frecuente el caso en los entrepaños o tablas horizontales o verticales y
los tejamaniles (especie de cubiertas o teja de madera). El bambú se usa a
menudo en los países tropicales ya sea estructuralmente o como material de
revestimiento en paredes y separaciones; sus troncos se utilizan como estructura
en todas las regiones tropicales donde se da, los tronos abiertos a lo largo se
aplican a las paredes y separaciones. Las largas tiras de bambú abierto de
sección semicircular, se usan también a veces para techar. Se coloca primero una
serie de tiras con la superficie cóncava para arriba y después una segunda serie
con la superficie convexa hacia arriba, de modo que los bordes queden en el
centro de la superficie cóncava de dos tiras de capa inferior. Otros materiales
naturales de los trópicos que producen agradables efectos son la caña (sea en
cestería, para muebles o tejida, para quitárselos), la palma de barda en las
paredes y techos y la paja ara esteras. (Articulo enviado por:
Raul Nolasco,
Resumen del libro: Gramática del diseño arquitectonico.) |