Boveda de Cañon


   


 Bóveda de Cañón.  

La Bóveda de cañón es también conocida como bóveda de medio cañón, la misma consiste en una proyección semicircular de un arco de medio punto. Fue utilizada, de una manera constante, en los tiempos del Imperio Romano aunque ya era conocida por los antiguos egipcios y los de Mesopotámica. El empuje de la bóveda de cañón es dirigido hacia los muros, se realizan algunas técnicas para contrarrestar la misma.

La primera consiste en elevar el grosor de los muros y se construye una bóveda de cañón utilizando arcos de refuerzos. Estos arcos son conocidos como arcos fajones o torales, los cuales están apoyados en los pilares y son reforzados mediante la utilización de contrafuertes. Otro método es construir dos bóvedas de cañón de igual magnitud y por ultimo la creación de una bóveda arista mediante la intersección de dos bóvedas de cañón. Los antiguos romanos fueron los primeros en utilizar cimbras para la creación de bóvedas de cañón, pero mas tarde la misma fue desplazada por el uso de la bóveda de crucería, ya que no se requerían muros muy gruesos para el soporte.

Después de la caída del Imperio Romano, dos siglos mas tarde la bóveda de cañón dejo de ser utilizada en las construcciones, sin embargo fue vista en algunas catedrales góticas de ese tiempo. La bóveda de cañón fue reemplazada por la bóveda de crucería y mas tarde esta ultima dejo de usarse ya que para ese entonces se habían inventando un sin numero de soluciones que tenían gran riqueza ornamental.

Posteriormente con la llegada del Renacimiento y el Barroco, se introdujo nuevamente la bóveda de cañón, ya que con estos estilos se trataba de volver al interés por el arte y la arquitectura de la antigüedad. La bóveda fue empleada en la construcción de la Basílica de San Andrés de Mantua y en la Basílica de San Pedro. La bóveda de cañón es conocida por la inestabilidad de sus elementos, ya que puede derrumbarse muy fácilmente si no se le dan los soportes adecuados. De esa manera en el castillo de Muchalls, en Escocia, los muros apoyados en las formas abovedadas tienen un grosor de 4,6 metros, esto permite que aumente el peso suficiente para anular las tensiones laterales ejercidas por las bóvedas. Aparte de elevar el grosor de los muros, en la arquitectura románica era muy utilizado el empleo de contrafuertes para contrarrestar estas tensiones consideradas laterales. Equipo arquitectura y construcción de ARQHYS.com.


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