Representación del paisaje.

Tanto las imágenes como los textos han sido utilizados, especialmente con el apogeo del turismo, para tratar de transmitir la descripción del producto que se quiere comercializar, en este caso el paisaje. Curiosamente este paisaje, la mayoría de las veces natural (o bien, naturalmente intervenido) cumple con todos los requisitos necesarios para un consumidor urbano, y no hablamos de comodidades necesariamente, sino que de estar en contacto con los sentidos y con la naturaleza, y lógicamente con la paz, armonía y bienestar que esta nos brinda. En términos del lenguaje-imagen se nos presentan paisajes idílicos de ensueño, playas cristalinas donde jamás se pone el sol, piscinas claras y gente feliz, lugares siempre verdes, montañas con caballos, ciudades impecables, grandes monumentos que están bien conservados, calles coloridas, nativos (locales) de los países usando sus vestimentas tradicionales, en fin todo aquello que se pueda traducir en una imagen de postal.
Porque es esta, nuestra nueva imagen de paisaje. Ya no es aquella en la cual lo imperfecto también podía ser bello, ahora la belleza es pulcritud, la naturaleza es pulcritud, y el paisaje en su cosificación para el consumo también ha debido serlo. Una situación similar ocurre al referirnos al lenguaje-texto, si bien este ha conservado un distanciamiento entre lo científico, lo poético y lo expuesto para el consumo, llama la atención lo mucho que este último ha tomado para sí, elementos que antes sólo eran propios de los dos primeros. En cierto sentido, y como veremos a continuación, el lenguaje-texto asociado al paisaje como objeto de consumo ha procurado describir lo específico y real de lo científico o académico, con un lenguaje que no sólo trasciende lo poético, sino que lo agobia. Se presentan a continuación descripciones de paisajes en estos tres lenguajes, donde la extensión de las citas se hace necesaria para una mayor claridad.
Gracias al colaborador Pedro María Rodriguez por enviarnos esta interesante información.



