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El arte romano más primitivo comenzó con el derrocamiento de
los reyes etruscos y el establecimiento de la república el año 509 a.C. Se
considera que el final del arte romano, y por consiguiente el inicio del arte
medieval, llegó con la conversión del emperador Constantino al cristianismo y
con el traslado de la capital del imperio desde Roma a Constantinopla en el año
330. Sin embargo, el estilo romano e incluso sus temáticas romanas paganas
continuaron representándose durante siglos, a menudo bajo la impronta cristiana.
El arte romano se divide tradicionalmente en dos periodos: el arte de la Roma
republicana y el de la Roma imperial (desde el año 27 a.C. en adelante), con
subdivisiones correspondientes a los emperadores más importantes o a las
diferentes dinastías. En la época de la república, el término romano se aplica
prácticamente al arte realizado en la ciudad de Roma, que conserva la huella de
su pasado etrusco. Poco a poco, el arte se liberó de su herencia etrusca,
gracias a la expansión a través de Italia y el Mediterráneo y a medida que los
romanos asimilaron otras culturas como la griega. Durante los dos últimos siglos
antes del nacimiento de Cristo surgió una manera típicamente romana de construir
edificios, realizar esculturas y pintar. Sin embargo, debido a la extraordinaria
extensión geográfica del Imperio romano y a sus diversos pobladores, el arte y
la arquitectura romanas fueron siempre eclécticas y se caracterizaron por
emplear distintos estilos atribuibles a los gustos regionales y a las
preferencias de sus mecenas. El arte romano no es sólo el arte de los
emperadores, senadores y patricios, sino también el de todos los habitantes del
vasto imperio romano, incluyendo a la clase media de los hombres de negocios,
los libertos o plebeyos, esclavos y legionarios de Italia y sus provincias.
Curiosamente, a pesar de que subsisten una gran cantidad de ejemplos
escultóricos, pictóricos, arquitectónicos y decorativos, conocemos pocos nombres
de sus artistas y arquitectos. En general los monumentos romanos se realizaron
para glorificar a sus mecenas más que para expresar la sensibilidad artística de
sus creadores.
LA PLANIFICACIÓN DE LA CIUDAD ROMANA
La típica ciudad colonial romana del periodo final de la república y del pleno
imperio tuvo una planta rectangular similar a la de los campamentos militares
romanos con dos calles principales -el cardo (de norte a sur) y el decumano (de
este a oeste)-, una cuadrícula de pequeñas calles que dividen la ciudad en
manzanas y un perímetro amurallado con puertas de acceso. Las ciudades
anteriores a la adopción de este tipo de planificación, como la propia Roma,
conservaron el esquema laberíntico de calles sinuosas. El punto focal era el
foro, por lo general situado en el centro de la ciudad, en la intersección del
cardo y el decumano. Este espacio abierto, rodeado de tiendas, funcionó como el
lugar de reunión de los ciudadanos romanos. Fue además el emplazamiento de los
principales edificios religiosos y cívicos, entre ellos el senado, la oficina de
registro y la basílica, que consistía en una gran sala cubierta, flanqueada por
naves laterales, con frecuencia de dos o más pisos. Las basílicas romanas
albergaban las transacciones comerciales y los procesos judiciales, pero este
edificio se adaptó en tiempos cristianos, convirtiéndose en la tipología de
iglesia occidental con un ábside y un altar al final de la nave mayor. Las
primeras basílicas se levantaron a comienzos del siglo II a.C. en el propio foro
romano, pero es en Pompeya donde se encuentran los ejemplos de basílicas más
antiguas y mejor conservadas (c. 120 a.C.).
Tres aportes fundamentales de tipo cultural intervinieron en la arquitectura
romana: el etrusco del norte, el griego del sur y el autóctono de su pueblo
semiprehistorico de campesinos lacios, los “derramares”, que construían sus
aldeas sobre dos calles perpendiculares como o hicieron después los romanos al
fundar sus ciudades trazando en cruz el “cardo” y el “decumano”, las dos vías
principales. Las ciudades poseían una cuidada infraestructura: alcantarillado,
lavatorios públicos, pavimentación, etc. El suministro de agua obligaba, a
menudo, a construir complicados sistemas de conducción, salvando los desniveles
del terreno (acueductos como el de Segovia o el de Pont du Gard, que era puente
y acueducto a un tiempo). Caminos y calzadas comunicaban entre sí a las ciudades
más importantes y a éstas con la capital del Imperio, Roma. El foro era el
centro neurálgico de la ciudad, pero podía haber más de uno; en él se ubicaban
la basílica, que hacía las funciones de tribunal, bolsa comercial o de lugar de
reunión; monumentos conmemorativos (columnas como la de Trajano, estatuas de
emperadores, arcos triunfales) y templos.
EL TEMPLO ROMANO. A
primera vista el templo romano puede confundirse con el griego (se construye
siguiendo los órdenes clásicos) pero dos aspectos le diferencian claramente de
aquél: se construye sobre un podio y las columnas suelen estar adosadas al muro;
no son elementos sustentantes sino decorativos (Maison Carrée de Nîmes, por
ejemplo). En conjunto el templo romano es más pesado, menos estilizado. El
templo de planta circular es más frecuente en Roma que en Grecia (Templo de
Vesta en Tívoli). El Panteón de Roma es un enorme templo circular cubierto por
una grandiosa cúpula, construida con cimbras, sobre un cuerpo cilíndrico. En el
Panteón se pone de manifiesto la audacia romana en el uso de nuevas técnicas y
materiales. (Articulo enviado por:
SEYNI GUZMAN. Email:
sealguz21@yahoo.com) |