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Se habla hoy con la misma insistencia tanto de la
destrucción del ambiente natural como de la fragilidad de los grandes sistemas
tecnológicos que pueden producir perjuicios en cadena, paralizando metrópolis
enteras. La crisis de la ciudad demasiado grande es la otra cara de la crisis de
la naturaleza. La imagen de la «megalópolis», la ciudad continua, uniforme, que
va cubriendo el mundo, domina también mi libro. Pero libros que profetizan
catástrofes y apocalipsis hay muchos; escribir otro sería pleonástico, y sobre
todo, no se aviene a mi temperamento. Lo que le importa a mi Marco Polo es
descubrir las razones secretas que han llevado a los hombres a vivir en las
ciudades, razones que puedan valer más allá de todas las crisis. Las ciudades
son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son
lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía,
pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de
palabras, de deseos, de recuerdos. Mi libro se abre y se cierra con las imágenes
de ciudades felices que cobran forma y se desvanecen continuamente, escondidas
en las ciudades infelices...
Casi todos los críticos se han detenido en la frase final del libro: «buscar y
saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y
dejarle espacio». Como son las últimas líneas, todos han considerado que es la
conclusión, la «moral de la fábula». Pero este libro es poliédrico y en cierto
modo está lleno de conclusiones, escritas siguiendo todas sus aristas, e incluso
no menos epigramáticas y epigráficas que esta última.
Es cierto que si esta
frase se ubica al final del libro no es por casualidad, pero empecemos por decir
que el final del último capítulo tiene una conclusión doble, cuyos elementos son
necesarios: sobre la ciudad utópica (que aunque no la descubramos no podemos
dejar de buscar) y sobre la ciudad infernal. Y aún más: ésta es sólo la última
parte del texto en cursiva sobre los atlas del Gran Jan, por lo demás bastante
descuidado por los críticos, y que desde el principio hasta el final no hace
sino proponer varias «conclusiones» posibles de todo el libro. Pero está también
la otra vertiente, la que sostiene que el sentido de un libro simétrico debe
buscarse en el medio: hay críticos psicoanalistas que han encontrado las raíces
profundas del libro en las evocaciones venecianas de Marco Polo, como un retorno
a los primeros arquetipos de la memoria, mientras estudiosos de semiología
estructural dicen que donde hay que buscar es en el punto exactamente central
del libro, y han encontrado una imagen de ausencia, la ciudad llamada Baucis. Es
aquí evidente que el parecer del autor está de más: el libro, como he explicado,
se fue haciendo un poco por sí solo, y únicamente el texto tal como es
autorizará o excluirá esta lectura o aquélla. Como un lector más, puedo decir
que en el capítulo quinto, que desarrolla en el corazón del libro un tema de
levedad extrañamente asociado al tema ciudad, hay algunos de los textos que
considero mejores por su evidencia visionaria, y tal vez esas figuras más
filiformes («ciudades sutiles» u otras) son la zona más luminosa del libro. Esto
es todo lo que puedo decir.
(Conferencia pronunciada por Calvino en inglés, el 29 de marzo de 1983, para los
estudiantes de la Graduate Writing Divison de la Columbia University de Nueva
York.). (Enviado por : Jorge Enrique, Autor original:
Italo Calvino) |