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Arquitectura Post-Moderna.
Por: DANIEL RIVALLO PENA
(ESPAÑA). Articulo enviado por:
Ramon
Valle Inclan <gautier27@hotmail.com>,
para su publicación en ARQHYS.com.
El postmodernismo es el codaste de nuestro tiempo, el soporte vertical que sirve
de fundamento a la armazón de la vida en nuestros días, también es la
modificación de nuestra mirada hacia el arte que aparece horizontal en todas sus
líneas de producción estética. La desvastación modernista o esa suerte de
destrucción del tejido urbano tradicional ha perdido el latido que se abre a la
nueva esfigmología delicuescente del postmodernismo, en la solmisación que mide
un nuevo desvanecimiento de límite entre la vieja cultura de élite y el nuevo
populismo despersonalizado de la cultura de masas. No ha habido miliar que haya
señalado y anticipado con tiempo la nueva geodesia del
espacio postmoderno en el ámbito de la cultura
y el nuevo edificio del "todo vale" ha tomado una postura política imbricada en
la naturaleza del capitalismo actual con la presencia y la amalgama de rasgos
heteróclitos subordinados entre sí en una suerte de eclecticismo ad hoc y de
simulacros con una pérdida de los referentes modernos -que al precipitarse en el
suelo de la tradición e introyectarse en el tejido urbano como el albugo lechoso
penetra en la carne- proponían una mirada y una distancia en el sujeto que el
postmoderno con el centón de los clásicos muertos bajo el brazo ha obviado
decidiendo integrar su arte en la producción de mercancías en la cintra de la
frenética y constante producción de novedades escandidas en el rótulo de lo
fungible.
De esta suerte el postmodernismo se caracteriza por los siguientes rasgos
constitutivos:
<<una nueva superficialidad que se encuentra prolongada tanto en la teoría
contemporánea como en toda una nueva cultura de la imagen o el simulacro; el
consiguiente debilitamiento de la historicidad, tanto en nuestras relaciones con
la historia oficial como en las nuevas formas de nuestra temporalidad privada
cuya estructura <<esquizofrénica>> (en sentido lacaniano) determina nuevas
modalidades de relaciones sintácticas o sintagmáticas en las artes
predominantemente temporales; un subsuelo emocional totalmente nuevo(...) una
nueva tecnología que en sí misma representa un sistema económico mundial
completamente original..>>
El texto arriba citado introduce dos conceptos de enorme importancia para
entender el nuevo marchamo de la cultura postmoderna, a saber, la historicidad y
la esquizofrenia. La primera de ellas puede ser caracterizada como un plano
donde el sujeto ocupa una posición fuertemente centralizada -dentro del periodo
del capitalismo clásico- que ulteriormente en esta época de capitalismo tardío
ha perdido el fulcro que hacía sostener la mirada moderna desplazándola hacia su
total fragmentación, en la cual la noción de sujeto como estudio de análisis de
posturas post-estructuralistas, cae de forma radical proclamando el final de la
mónada o yo burgués produciendo una liberación generalizada de sentimientos
debido a la no presencia de un sujeto para sí donde pudieran en sí
materializarse convirtiéndose estos nuevos sentimientos en intensidades
impersonales disolviendo la durée de la temporalidad subjetiva en categorías más
espaciales descentralizando la psyché del sujeto autónomo. La <<esquizofrenia>>
lacaniana que se produce en la anomia de este sujeto despersonalizado viene
determinada por la ruptura en la cadena significante, esto es, en la
obliteración producida entre significante y significado o lo que es lo mismo,
entre la materialidad del lenguaje y su concepto o referente depositario del
sentido de la estructura gramatical dando lugar a una amalgama de significantes
que no encuentran relación entre ellos y por tanto omiten cualquier
interpretación fagocitando la conexión entre ellos, una suerte de ruptura en el
ínterin temporal que no asocia una cierta unificación entre el pasado, el futuro
y el tiempo presente.
<<Al romperse la cadena de sentido, el esquizofrénico queda reducido a una
experiencia puramente material de los significantes o, en otras palabras, a una
serie de meros presentes carentes de toda relación en el tiempo...>>
Esta sensación de perturbadora irrealidad es el marbete característico de la
arquitectura post-modernista donde el concepto de seccionabilidad define una
serie de partes autónomas relacionadas entre sí y con independencia entre ellas,
vg; en una instalación eléctrica que es independiente del sistema de
calefacción, de las tuberías, de la circulación, del aire acondicionado y de los
sistemas acústicos de cierre donde al mismo tiempo que se da esa escisión entre
los sistemas se produce a fortiori una relación entre ellos y cierta
integración, donde los seccionamientos entre alguno de ellos provocarían la
descomposición del conjunto haciendo inútil la homeostasis que se daba entre
ellos. Del mismo modo y con una mirada más amplia los arquitectos
post-modernistas podrían concebir una gran metrópolis como una serie de trozos o
sectores semiatónomos, cada uno de ellos guardando su propia identidad
imbricados en la base unitaria de la experiencia urbana, navegando de un lugar a
otro con idéntica subdivisión como si de un discurso continuo iterado en series
de frases con su respectivo significado se tratara. Todo ello puede evocar una
suerte de collage que se aleja de cualquier unificación y se pierde en una
diferencia radical, empero estar unidas las partes en última instancia en
relación al conjunto cuyos bloques semejan momentos asincrónicos de la
estructura disparando la atención del espectador hacia diferentes líneas de fuga
sin poder concentrare en el " holon" general o en la figura en conjunto. La
arquitectura post-moderna es híbrida y está embebida de una nostalgia hacia el
pasado que se rotula en el eclecticismo de estilos pasados con el buril del
historicismo y la combinación azarosa sin conformarse a un principio. Existe una
diferencia radical entre el moderno y el amante del pastiche de nuestros días y
es que el primero aunque caracterizado por un eclecticismo débil, intentaba
dotar a sus construcciones de una cierta novedad y agresividad que rompiera con
el tejido urbano ya existente y fragmentara la asociación de ideas en la mente
del espectador que necesitaría tomar cierta distancia ante la obra para poder
interpretarla en un orden temporal. El segundo de ellos, en cambio, no propone
tal ruptura en la mirada e intenta la integración de su obra dentro de la urbe,
exonerando al espectador de la fricción producida por el edificio modernista,
re-absorbiendo este propio edificio en la imitación huera del pastiche
proyectando y dirigiendo la mirada del viajero hacia la manifestación cultural
más generalizada del arte comercial de la mode rétro.
<<El pastiche es, como la parodia, la imitación de una mueca determinada, un
discurso que habla una lengua muerta: pero se trata de la repetición neutral de
esa mímica, carente de los motivos de fondo de la parodia, desligado del impulso
satírico, desprovista de hilaridad y ajena a la convicción de que, junto a la
lengua anormal que se toma prestada provisionalmente, subsiste aún una saludable
normalidad lingüística...>>
El pastiche nos lleva indefectiblemente al concepto de historicismo o
desbrozamiento aleatorio de estilos pretéritos combinados al albur de las modas
dentro de un mundo imagen de sí mismo carente de un modelo al cual dirigir
nuestra atención donde los simulacros o copias idénticas a sí mismas son
reificadas en sus propias imágenes materializándose de tal suerte en una
sociedad que ha engastado el valor de cambio en la ceca de la progresiva
primacía de lo nuevo desvaneciendo todo recuerdo de su propio valor de uso donde
según el padre de los situacionistas Guy Débord, la imagen ha devenido forma
final de la reificación mercantil desde la plataforma de los Mass media como
paladines del nuevo ectoplasma. La superposición de estilos sin ningún fin
unitario, el intento de reapropiarse del pasado perdido sin ninguna lógica ha
hecho perder esta necesaria dimensión retrospectiva de reorientación vital hacia
un futuro colectivo, convirtiéndose en una colección de fotografías realizadas
por aparatos tan diversos que no reconocemos la acción efectiva que ha llevado a
cabo el propio individuo convertido en sujeto colectivo despersonalizado y en un
vasto simulacro fotográfico multitudinario. La pintura de nuestra sociedad se
despoja de la historicidad cuyo centro fue constituido y gravitó alrededor de un
sujeto autónomo, y el historicismo aparece fragmentado como un conjunto de
ruinas que se superponen como pantallas de televisión donde cada una de ellas
reclama su total independencia exigiendo al sujeto toda su atención, la
observación de cada uno de los presentes que nos interpelan poniendo entre
paréntesis las asociaciones de ideas que el pasado reclamó para hilvanar el
discurso de un referente pleno de significado. El post-modernismo es un
Tintoretto sin perspectivas, de planos que fugan en diversas direcciones
centrífugas, de objetos sin sentido reunidos en un lienzo descontextualizado y
superficial, lo más parecido a un negativo fotográfico con ese aspecto de
rigidez tanática que roza la abulia y que no posee la refulgencia cromática de
ninguna utopía, mutación del mundo objetivo convertido en un texto co-ligado a
la fragmentariedad de la figura humana como cara visible de la mercantilización
actual que Warhol deletreó con maestría en figuras pop-star convertidas en
imágenes de ellas mismas y asimiladas al neón de los rótulos publicitarios.
Ahora bien, al desligar al sujeto de cualquier ideología que desde posturas
modernistas se intentaba introyectar en la mirada del mismo a través del juego
de metáforas vinculantes a posiciones elitistas, el nuevo lenguaje del
post-moderno se mueve en un espacio completamente opuesto a la avant-garde y
postula una regreso parcial a la tradición y al papel central de la comunicación
con el público utilizando la tecnología actual dentro de un lenguaje
parcialmente comprensible que supere el impase moderno mediante un simbolismo
local y tradicional. La nueva mirada del arquitecto post-moderno aparece
escindida entre el elitismo y el populismo y la importancia de que el peso de la
estructura se deyecte hacia el basamento popular viene determinado por la co-pertenencia
de significados que se dan entre ellos a la hora de observar cualquier edificio
intentando desestimar la excesiva importancia de la tecnología como hacedora de
nuevas ideologías -que en el periodo modernista aparecían revestidas de
funcionalidad o estructuras óseas sin la miología del ornamento- distanciándose
de nuevo las miradas en puntos asintóticos. La recuperación del ornamento y el
simbolismo dota a los edificios de significado clarificándolo y otorgándole
mayor resonancia pero también produciendo un cruce esquizofrénico de códigos
como la superposición de espacios, los varios focos del espacio interfiriéndose
y el tratamiento brutalista acompañado de la exhibición de bloques amalgamados
en un intento por revalorizar los elementos comerciales y el eclecticismo del
siglo XIX para poder comunicarse con las masas, todo ello desarrollado mediante
una investigación semiótica donde se intenta codificar la idea abstracta del
gusto tomando una posición situacional en la que no existe el nepotismo de
ningún código por encima de otro.
Hay cierta analogía entre el arquitecto post-moderno y el pintor surrealista al
hacer cristalizar su ámbito espiritual en las metáforas que dispone para
llevarlo a cabo dotadas todas ellas de una cierta metafísica que se expresa en
la forma y no permanece implícita en la mente del sujeto moderno haciendo
imposible su descodificación. El símil arquitectónico se afirma en la forma a
través de la metáfora del cuerpo orgánico relacionando imágenes del cuerpo
humano con otros reinos naturales y animales exonerando al espacio de su
violencia y revolución ejercida sobre el tejido urbano y dotándolo de una
evolución estratificada gracias a la insinuación de una extensión infinita
obtenida mediante planos superpuestos dejando en suspenso la ordenación clara y
teleológica de los acontecimientos, optando por una dedalera de formas que no
alcanzan el objetivo absoluto proyectándose en un espacio liminal ad infinitum
que es umbral entre pares de antinomias. Este eclecticismo de selección entre
diferentes partes se basa en el criterio de escoger de entre todas las fuentes
posibles aquellos elementos que fueran más pertinentes ad hoc ensamblados en
diferentes medios de comunicación espacio-formales engastados todos ellos en un
único edificio cuyas implicaciones semánticas se proyectan en cada una de estas
partes abiertas a la consunción de estilos de forma radical partiendo de los
gustos y lenguajes prevalecientes en un lugar para que la semiótica del edificio
sea comprendida por gentes de diversos gustos culturales entre las que se
encuentra el populacho y la élite, forjando un discurso dialectal entre ellos.
La multivalencia del edificio post-moderno se opone a la arquitectura moderna al
unir diferentes tipos de significado - que el modernismo criticó como
esquizofrenia al condensar miríadas de significantes que colapsaban la atención
del espectador que no podía atender a todos los impulsos que desde diferentes
ángulos reclamaban visajes de autoafirmación - que atraen a facultades opuestas
de la mente y el cuerpo interrelacionándose y modificándose al mismo tiempo. La
grisalla visual del edificio co-ligada a su propio olor y al tacto que se
desprenden de él poseen la facultad de unión diegética entre la vista y la
contemplación gracias a la yuxtaposición de lo nuevo y lo viejo y a la inversión
de esto último unido a un gusto altamente desarrollado por el paroxismo
característico del zeitgeist actual. Es entonces cuando se hace comprensible el
propio edificio clásico materializado en ocasiones en reparticiones tripartitas
de bases, fustes y cúpulas jalonadas de motivos ornamentales caracterizados por
grandes pilastras que clarifican y proponen una suerte de hermenéutica acerca de
la organización y de la estequiotomía interior del propio edificio al combinar
la frescura del pasado en el revival de su desinteresada y aleatoria reinvención
mediante el juego de dualidades entre el detalle y la ornamentación de
baldaquines bañados por colores superpuestos sobre ellos formando un collage
sobre un fondo de oposición entre culturas tradicionales y modernas.
<<El clasicismo post-moderno es un estilo entre varios: no es el único camino
sino el más popular.Dos factores han llevado a su aparición:las formas
universales latentes tras el amplio lenguaje clásico, y el deseo de los
arquitectos de devolver a la arquitectura el dominio público. Obviamente la
arquitectura sola no puede conseguirlo, ya que la res publica se establece
mediante una acción social y política.No obstante, la arquitectura debe
representar este dominio y construir de forma comprensible .Esto es lo que
intentan hacer los post-modernos con distinto éxito…>>.
Existe una celebración delirante de mímesis dentro del movimiento
post-modernista que hace aparecer un nuevo mundo estético imbricado dentro de
una dimensión socioeconómica caracterizada como sociedad post-industrial en la
que la seriedad utópica del modernismo aparece enfrentada con la aparente
trivialidad de los post-modernos cuya lógica del simulacro trasformada en
máquina reproductora de imágenes audiovisuales refuerza la lógica semoviente de
un capitalismo avanzado intensificándola en esta nueva forma cultural adicta al
icono que transforma los efluvios del pasado eliminando la significación
práctica de un proyecto colectivo de futuro. Todo ello nos lleva a instaurar un
pensamiento dialéctico que plasme la evolución cultural del capitalismo avanzado
como suelo donde se originó el post-modernismo como un momento dialéctico de
verdad encofrado en otros tantos momentos de falsedad dentro de la cultura
contemporánea actual como terminus ad quem al que puede llegar la reflexión que
plantea el problema mismo del fatum de la función de nuestra cultura en general.
El silogismo nos lleva a la exposición de una clara mutación en la esfera
cultural del capitalismo tardío unida a la modificación de su propia función
social en la que la cuasi-autonomía de la que disfrutaba anteriormente ha sido
destruida por la lógica de un capitalismo emergente reabsorbiéndola y
expandiéndola al dominio de lo social convirtiendo en cultura desde los valores
mercantiles y el poder estatal hasta las propias estructuras mentales del
individuo y sus hábitos más inveterados dentro de la sociedad del simulacro que
reifica sus propias imágenes transformándolas en pseudo acontecimientos. El
espacio post-moderno ha obviado cualquier distanciamiento crítico para situar la
acción cultural fuera del capital y utilizarla como apoyo para criticar al
sistema. La abolición de estas distancias nos proyectan hacia situaciones
voluminosas y caseificadas que saturan nuestros cuerpos despojándolos de sus
mapas de coordenadas espaciales alejándoles de su propia distancia y
acercándoles a los enclaves pan-precapitalistas como la naturaleza y el
inconsciente que construían sus barricadas exteriores.Todos los bloques
seminales de lucha contra el sistema quedan reabsorbidos y asimilados por el
mismo dentro del nuevo páramo del espacio global que constituye el momento de
verdad del post-modernismo.
La autenticidad de este nuevo producto queda patentizada en una sólida realidad
histórica y socioeconómica sostenida en esta tercera ola de expansión
capitalista después de haber superado sus fases mercantilistas e imperialistas,
dando a luz una nueva producción cultural distorsionada en el espacio nuevo
creado para aproximarse a la representación de la neo-realidad en ciernes que se
desea escrutar en un análisis que fuerza nuestra distracción para alejarnos de
la realidad o enmascararla en sus contradicciones para ulteriormente superarlas,
elevarlas y resolverlas en el juego de las mistificaciones formales. Al mismo
tiempo aparece una valoración de su emergencia en términos diacrónicos de
progreso dentro del marco global y totalizador que propone el post-modernismo
facilitando la invención y articulación intersubjetivas radicalmente nuevas
sugiriendo un nuevo mapa cartográfico desalienante con relación al sujeto
incapaz de construirlos mentalmente al ver introducida su posición de forma
violenta en la totalidad urbana en la que se encuentra. El nuevo compás
post-moderno traza diagramas que transforman completamente la problemática de
los itinerarios modernistas al introducir una nueva coordenada que expresa la
relación con el todo y no tanto con cada una de las partes por separado que
servían de orientación al reconocer cada una de las señales tradicionales de la
ciudad, abriéndose un nuevo espacio triangular que combina la propia posición
empírica del sujeto con las relaciones abstractas que abastecen a la totalidad
geográfica. La concepción de estos contenidos geográficos y cartográficos
permiten pensar un nuevo espacio social de mapas cognitivos de nuestras
relaciones sociales con nuestra realidad donde la ubicación del sujeto
individual y su experiencia de vida cotidiana se reconcilie con un saber
abstracto o científico a través de una ideología que lejos de imponer sus puntos
de vista heterogéneos, invente una forma de articular entre sí estas dos
dimensiones divergentes, en el intento que propone esta nueva cultura política
de devolver a los sujetos concretos una representación renovada y más elevada de
su lugar en el sistema global, arrostrando este espacio post-moderno empero
conservando el espacio mundial del capital multinacional, forzando una brecha
con el mismo para poder representarlo de una forma que nos invite a recuperar
nuestra propia capacidad de asimilar nuestra situación como sujeto individual al
mismo tiempo que colectivo en nuestra acción efectiva sobre el mundo que aparece
en nuestros días neutralizada y sin mediación de ningún tipo. El proyecto de
esta nueva lógica cultural post-modernista se presenta como el campo de fuerzas
donde se abren paso impulsos culturales de diferente orden en formas residuales
y emergentes de nuevas producciones culturales proyectando el concepto de una
norma cultural sistémica que sirva de marco de reflexión sobre las formas más
efectivas que pueden ser adoptadas por esta nueva política cultural.
BIBLIOGRAFIA:
-
Jameson,F “El postmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado” ,Paidós,
Barcelona, 1986, pág 21
-
Íbid, pág 64
-
Íbid, págs 43-44
-
Jencks, CH “El lenguaje de la arquitectura postmoderna”, Gustavo Gili,
Barcelona, 1986, pág 163
Articulo enviado por: Ramon
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