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Arquitectura temporal

Lo temporal de la arquitectura.

Últimamente llegan encargos de obras que se espera que duren tan sólo dos o tres años. En la mayoría de los casos, los clientes de este tipo de obras son promotores que negocian con el suelo, y muchas veces interviene un promotor que coordina el proyecto con el arquitecto. Una parte del suelo destinado para la remodelación a gran escala, en tanto se reúnen las parcelas necesarias para ello, se destina a la construcción de edificios provisionales como discotecas o restaurantes, y con ello se intenta sufragar los intereses. Dependiendo del proyecto y diseño se puede reunir un número inesperado de jóvenes. El nuevo promotor puede esperar desarrollar, gracias a ello, una estrategia de tipo cultural que eleve su estatus social. Para ello, en muchos de los casos se designan arquitectos jóvenes y populares tanto de dentro como de fuera del país. Así, no es de extrañar que se dé el caso de que jóvenes arquitectos europeos que se dedicaban sólo a hacer proyectos, sin tener oportunidad de realizar obras, se dediquen de repente al diseño de varios edificios comerciales en Tokio. Tanto es así que en una ciudad como Tokio está cambiando definitivamente el significado de la arquitectura en la sociedad, así como el significado de la profesión de arquitecto.

Los que quieren hacer su obra solamente por el gusto de hacerla son más raros cuanto más jóvenes son, y están surgiendo arquitectos que se consideran a sí mismo artistas que crean obras de moda como objetos comerciales o de publicidad a las que consideran arte. Sea cual sea la voluntad de los arquitectos, la arquitectura se está convirtiendo en una creación de modas, de composición de diseño; y los arquitectos en diseñadores de moda. Se puede decir incluso que está avanzando automáticamente la descomposición de la arquitectura, por razones comerciales y por la demanda social. Voy a citar un ejemplo típico. Hace aproximadamente dos años se me pidió el diseño de un restaurante en Roppongi. 1 Como era de esperar, el Roppongi: Barriada de Tokio considerada como la más moderna y sofisticada (N.T.) cliente era un joven promotor. Ahora bien, lo que se pidió al principio no era un restaurante sino un pequeño hotel. Lo que pasó es que poco antes de acabar el anteproyecto se canceló la compra del solar colindante, muy poco antes de firmar el contrato, cosa bastante frecuente en el centro de la metrópoli. No se podía construir un edificio elevado en el solar de que se disponía, por lo que se modificó de repente el proyecto, pensándose en un restaurante. Tan sólo dos semanas después de decidirse el cambio, se presentó la solicitud de confirmación de construcción y al cabo de cuatro meses ya estaban terminadas las obras. No hubo tiempo ni para pensar el proyecto. Ya de entrada se determinó el volumen de la obra a realizar calculando aprovechar al máximo el solar, que tenía una configuración compleja, aplicando las limitaciones legales tanto en cuanto al volumen permitido como a la altura. Por tanto, en estos casos, lo único que le queda al arquitecto como trabajo a realizar, es saber qué tipo de cubierta se debe disponer ocupando todo el volumen, y qué tipo de espacio se crea en el interior.

Además, el restaurante no tenía que construirse pensando en que durara mucho tiempo, ya que una vez conseguida la compra del solar colindante estaba previsto volver al proyecto inicial de construir un hotel. Teniendo en cuenta estas condiciones, la arquitectura era suficiente con tal que fuera una cabaña-tienda. De hecho, se estudió la posibilidad de levantar unas carpas, pero por muy provisional que se pensara, legalmente no había gran diferencia en proyectarlo para que tuviera una mayor duración excepto si se demolía en un plazo inferior a un año; aunque se hiciera una carpa para dedicarla a restaurante hacía falta, no sólo protegerse de la lluvia y el viento, sino también tener aire acondicionado con las instalaciones correspondientes, todo lo cual hacía que no hubiera una gran diferencia, desde el punto de vista del costo, con construir un edificio normal. El edificio construido al final se parece a una cabaña-tienda provisional; pero en realidad, tiene el armazón de acero y un techo metálico que lo cubre, y da la sensación de ser un almacén.

En el interior de este restaurante llamado “Nómada”, innumerables paneles de malla de aluminio desplegada y trozos de tela metálica flotan como nubes, y el techo pintado de azul hace pensar en el cielo. Todo ello nos remite a los carromatos del sudeste de Asia, donde bajo una tela desplegada muchas personas comen y beben. Justo cuando iba a empezar el proyecto fui a ver el edificio de la Hong Kong and Shanghai Banking Corporation y quedé terriblemente impresionado, al ver allí yuxtapuestos el ambiente artificial sumamente inorgánico y tecnificado del edificio y los carromatos que había a sus pies en su estado natural y primitivo, viniéndome la idea que no estaría mal que apareciera un carromato metálico en medio del elegante barrio de Roppongi. Pero el restaurante se cerró cuando todavía no había pasado un año desde su inauguración, quedando expuesto al peligro de ser demolido. Aunque la causa directa fue el fallecimiento por enfermedad del cliente, en el fondo fue porque el solar donde se construyó fue objeto de la especulación. Incluso los gastos de construcción, que superaban los cien millones de yenes, equivalentes tan sólo al precio de costo de uno o dos tsubo, 2 no eran nada en comparación. El Restaurante Nómada resultó ser un trabajo que me hizo perder el tiempo tontamente, pero me hizo reflexionar sobre el gran problema que encierra el modo de existir de la arquitectura en el espacio urbano hoy día. En primer lugar, pienso en que al cuerpo nómada que flota por el medio urbano de hoy día, el aspecto provisional de la cubrición de este edificio le proporciona sensación de confort, cosa que no se obtiene con la arquitectura monumental que perdura.

Tal como he dicho antes, aunque se diga provisional, el Restaurante Nómada tenía la misma estructura física que cualquier otro edificio de los que perduran. Por lo tanto se podría decir que su provisionalidad reside en la expresión instantánea de su cubrición transformada en una mera piel que hace pensar en una tienda-cabaña o en un almacén. Normalmente en la arquitectura se manifiesta vivamente el deseo del cliente o del que la utiliza, a través de sus formas y materiales. De la misma forma se genera en la arquitectura una completa cosmología para constituirse como cuerpo propio, y la expresividad y carácter demostrativo que quiere revelar la propia existencia de la monumentalidad. Y estos conceptos presionan y marginan al cuerpo nómada. Pero por el contrario, esa cubrición provisional e instantánea que no te exige nada, como las vallas provisionales que hay en las obras, parece que aporta al cuerpo un confort refrescante. Tsubo: Unidad de superficie equivalente a unos 3,3 metros cuadrados (N.T.). Me gustaría que pensasen ustedes en las numerosas obras actuales que están llamando la atención de la crítica. Por mucho que éstas muestren un aspecto dinámico, al compararlas con nuestro cuerpo, ¿no son casi todas ellas extravagantes y al mismo tiempo rechazan con descaro al cuerpo? Por ejemplo, el teatro Karaza, realizado por Tadao Ando, es una construcción provisional; sin embargo muestra una estructura defensiva, concluyente y simbólica, como una fortaleza, situándose en el polo opuesto de lo que yo concibo como provisionalidad. (Autor oficial: Toyo Ito. Enviado por: Peter Nocasco Kiñoz, Argentina)




Bibliografía


Referencias, créditos & citaciones APA:
Portal de arquitectura Arqhys.com. Equipo de redacción profesional. (2012, 12). Arquitectura temporal. Escrito por: Arqhys Articulos. Obtenido en fecha , desde el sitio web: https://www.arqhys.com/articulos/temporal-arquitectura.html.

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